11 jun. 2010

La desconocida batalla que marcó la II Guerra Mundial

En agosto de 1939, escasas semanas antes de que Hitler invadiera Polonia, la URSS y Japón libraron la mayor batalla de tanques jamás vista hasta entonces. En términos estratégicos esta batalla acabó siendo trascendental, porque, tras una aplastante victoria soviética, Japón decidiría expandirse hacia el Pacífico, en ver un adversario más débil en Estados Unidos, y la Unión Soviética podría concentrar todas sus tropas contra la Alemania nazi.

Khalkhin-Gol (Халхин-Гол, conocida en Japón como el incidente Nomonhan) fue una de las batallas más decisivas del siglo XX, ya que definió el curso que seguiría la Segunda Guerra Mundial. Sorprendentemente, casi nadie ha oído hablar de ella.

Soldados mongoles en Khalkhin-Gol
Soldados mongoles en Khalkhin-Gol








Escalada de tensión

No es de extrañar que la Unión Soviética y Japón, dos potencias expansionistas vecinas, acabaran enfrentándose en tierras fronterizas de Mongolia. La tensión entre ambos países venía siendo alta desde hacía décadas y ya había desembocado en conflicto abierto en varias ocasiones.

Cartel propagandístico ruso de 1904
Cartel propagandístico ruso de 1904 en que se puede ver como un confiado cosaco aguarda
un soldado japonés que es empujado por americanos y británicos

A principios del siglo XX Japón había tomado ventaja sobre el Imperio Ruso tras vencer en la Guerra Ruso-Japonesa de 1905 (un conflicto del que cabe destacar la disparatada travesía de la Flota rusa del Báltico alrededor del mundo para acabar siendo hundida en cuestión de días) y ocupar Vladivostok durante la Guerra Civil Rusa.

Pero en los años 30, bajo el mando de Stalin, la Unión Soviética era una potencia resurgente que se había convertido de nuevo en un serio rival para Japón. Al alto mando nipón le preocupaba especialmente la amenaza que suponían los submarinos soviéticos para los barcos japoneses y la facilidad con que los bombarderos soviéticos con base en Vladivostok podían llegar hasta Tokio.

El detonante

Soldados japoneses en ManchuriaA finales de los años 30, Mongolia y la vecina Manchuria eran dos estados títere en manos de la URSS y Japón, respectivamente. La frontera entre ambos era objeto de una acérrima disputa: mientras que Manchuria proclamaba que la frontera seguía el curso del río Khalkhin-Gol, Mongolia sostenía que la frontera se encontraba tras el pueblo de Nomonhan, unos 16 kilómetros más al este.

Después de que ambos países ya se hubiesen enfrentado en varias ocasiones (la más destacable de ellas en el Lago Khasan, una batalla que causó cerca de 5000 bajas entre ambos bandos), la batalla de Khalkin-Gol se originó cuando, el 11 de mayo de 1938, una pequeña unidad de caballería mongola entró en la zona en disputa en búqueda de pasto para sus caballos. Los intrusos fueron rápidamente expulsados por una unidad enemiga mayor, pero, al cabo de pocos días, los mongoles regresaron con refuerzos y obligaron las tropas de Manchuria a retirarse.

El conflicto fue degenerando progresivamente hasta que las tropas rusas y japonesas acabaron directamente enfrontadas. El 28 de mayo, tropas soviéticas rodearon y acabaron con una unidad japonesa de reconocimiento, causándole un 67% de bajas entre muertos (105, 8 oficiales y 97 soldados) y heridos (34).

Tras este enfrentamiento vino un mes de relativa calma, pero en lugar de intentar llegar a un acuerdo de paz, ambos bandos se dedicaron a reforzar sus posiciones en la zona.

El osado bombardeo japonés

La calma saltó por los aires cuando, el 27 de Junio, la fuerza aérea japonesa lanzó un osado bombardeo sobre la base aérea de la URSS en Tamsak-Bulak, Mongolia. Aunque los desprevenidos soviéticos perdieron muchos aviones en tierra, una vez en el aire se defendieron exitosamente. Sin embargo, su habilidad no pudo evitar que los pilotos japoneses regresaran a casa victoriosos, habiendo destruido el doble de aviones enemigos que perdidos por su bando.

Dos cazas japoneses Nakajima Ki-27
Dos cazas japoneses Nakajima Ki-27

Su gloria no duró mucho. Tan pronto como se enteró de lo ocurrido, el Cuartel General del Ejército Japonés, que no había sido avisado con antelación de la acción, ordenó de inmediato que no se llevaran a cabo más ataques aéreos, una decisión que acabaría costando muy cara a la infantería nipona.

El ataque terrestre japonés

A pesar de su decisión de retirar la cobertura aérea, Tokio autorizó que se iniciaran operaciones terrestres para “expulsar a los invasores”.

El teniente general al mando, Michitaro Komatsubara, planeó un ataque tenaza que debía permitirle rodear y destruir las tropas soviéticas, reportándole una gran victoria.

Columna de soldados japoneses
Columna de soldados japoneses

Desde el norte, sus tropas lanzaron un primer asalto el 1 de julio. Después de cruzar fácilmente el río Khalkhin-Gol, expulsaron las tropas soviéticas de la montaña Bainstagan e iniciaron rápìdamente su avance hacia el sur. Al día siguiente, el destacamento del sur entró en acción lanzando también un gran ataque. Sin embargo, los soldados de Komatsubara fueron incapaces de aprovechar este éxito inicial por culpa de su mala preparación. Además, una pésima planificación logística hizo que su línea de suministros dependiera de un simple pontón.

Viendo la oportunidad que suponía el estancamiento nipón, las tropas soviéticas bajo mando del entonces comandante en jefe Gueorgui Zhúkov (Геoргий Жуков, futuro líder del ejército soviético en la Segunda Guerra Mundial) lanzaron un audaz contraataque con 450 tanques. A pesar de no contar con apoyo de la infantería, lograron atacar las tropas japonesas por tres flancos, rodéandolas casi por completo.

El 5 de julio, el destacamento norte del ejército japonés había sido obligado a retroceder a sus posiciones iniciales, a la otra orilla del río.

El segundo ataque japonés

Después del fracaso del primer ataque, los japoneses se retiraron para planificar su próximo movimiento. La derrota no era una opción para Komatsubara, quien, tras dejar recuperar fuerzas a sus hombres durante una noche y reponer suministros, ideó un segundo plan de ataque, basado en el uso de fuerza bruta.

El 23 de julio, apoyadas por un gran bombardeo de artillería, dos divisiones niponas lanzaron un ataque contra las tropas soviéticas que por entonces ya habían cruzado el río y defendían el puente Kawatama.

Tras varios días de feroces combates, los japoneses apenas habían logrado pequeños avances, siendo incapaces de romper las líneas soviéticas y alcanzar el tan ansiado puente. A pesar de haber supuesto miles de bajas, la batalla se encontraba en un punto muerto.

Ataque de tropas soviéticas durante la batalla de Khalkhin-Gol
Ataque de tropas soviéticas durante la batalla de Khalkhin-Gol

Incapaces de avanzar y viendo que se estaban quedando sin suministros de artillería, los japoneses decidieron retirarse para planificar un tercer asalto.

El contraataque soviético

Aunque los preparativos de un tercer ataque japonés iban por buen camino, el ejército soviético liderado por Zhúkov acabaría con Komatsubara.

El 20 de agosto, Zhúkov había acumulado más de 50.000 hombres, 498 tanques y 250 aviones. Las fuerzas japonesas a las que se enfrentaba eran bastante similares, pero ni estaban tan bien armadas ni sabían del contraataque que les venía encima.

Los líderes de las tropas soviéticas
El comandante soviético Grigori Shtern (Григорий Штерн, quien luchó en la Guerra Civil
Española), el mariscal y futuro presidente mongol Khorloogiin Choibalsan
(Хорлоогийн Чойбалсан) y Gueorgui Zhúkov

El contraataque soviético consistió en un ataque combinado clásico: mientras miles de soldados de infantería atacaron frontalmente las tropas japonesas, los tanques rodearon los flancos y la artillería y la aviación machacaron al ejército nipón.

El 31 de agosto las fuerzas japonesas estaban completamente diezmadas y rodeadas. Unas cuantas unidades consiguieron escapar del cerco, pero el resto siguieron la tradición marcial nipona y no se rindieron. Zhúkov acabó con ellos a base de ataques de artillería.

Fin del conflicto

Al día siguiente, en el otro extremo de la URSS, Hitler y Stalin invadían y se repartían Polonia.

Aunque técnicamente era un aliado de la Alemania Nazi, Stalin optó por la prudencia y se aseguró que el flanco oriental quedara estabilizado. En lugar de aprovechar su ventaja táctica y agravar el conflicto, las tropas de Zhúkov recibieron la orden de asegurar y mantener sus posiciones en Khalkhin-Gol, la frontera que anteriormente habían reclamado.

Escenificación de la victoria en Khalkhin-Gol
Escenificación de la victoria en Khalkhin-Gol

La cifra total de bajas sufridas por ambos bandos no son ni mucho menos claras, especialmente por el hecho que ni el Imperio Japonés ni la Unión Soviética eran “sociedades abiertas”. Las estadísticas oficiales hablan de unas 17.000 bajas japonesas por unas 9.000 del lado soviético. Aunque algunos historiadores hablan de 45.000 y 17.000 respectivamente. Quién sabe, seguramente, como suele ser habitual en estos casos, las cifras reales deben situarse entre unas y otras.

Cómo Khalkhin-Gol cambió el curso de la historia

La batalla de Khalkhin-Gol demostró definitivamente a los militares expansionistas nipones que no eran rival para la URSS, especialmente mientras el grueso de sus tropas se encontraba enfangado en China. Mientras que los soviéticos conseguían un efecto demoledor con su innovador ataque combinado, los japoneses seguían estancados en una mentalidad anticuada que valoraba antes el honor y la valentía personal que disponer de fuerzas masivas y acorazadas.

Cuando Hitler invadió finalmente la Unión Soviética en 1941, los japoneses recordaron la lección recibida en Khalkhin-Gol y optaron por permanecer al margen, rechazando atacar simultáneamente la URSS y permitiendo así que el ejército soviético pudiera concentrar todas sus fuerzas en un único frente. A su vez, esto contribuyó a que la Alemania Nazi tuviera que luchar durante cuatro largos años en dos frentes, contra la URSS en el este y contra los Estados Unidos y el Reino Unido en el oeste.

La derrota de Khalkhin-Gol también puede ser vista como el factor decisivo que empujó Japón a dirigirse hacia el Pacífico. Desde el momento que la expansión hacia el noroeste ya no era una opción, sus ansias de nuevas colonias les llevarían a enfrentarse con los Estados Unidos. Así que se puede afirmar que si no hubiese perdido esa batalla, Japón seguramente nunca habría atacado Pearl Harbour. Además, al pasar a tener unas colonias mucho más dispersas y peor defendidas, se convirtió en un enemigo de menor entidad.

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